domingo, 15 de abril de 2012

Aranzadi investiga los restos de varias exhumaciones de la Guerra Civil, realizadas en Soria y Burgos

13/04/2012

Miembros del Departamento de Antropología física han trabajado estos días en las exhumaciones de distintas fosas de la Guerra Civil, situadas en las localidades de Montenegro de Cameros (Soria) y Espinosa de los Monteros (Burgos).
El Departamento de Antropología  ha trabajado muy duro durante estos días en la exhumación de restos de la Guerra Civil. En esta ocasión primeramente  comenzaron los trabajos en Espinosa de los Monteros. En un rectángulo de apenas 8 metros cuadrados donde se cuentan nueve esqueletos, todos boca abajo; uno de ellos al parecer de un chico de 16 años. Entre la tierra rojiza, a un metro de profundidad, las botas que llevaban el 20 de octubre de 1936, las víctimas asesinadas por los falangistas en Espinosa de los Monteros (Burgos), han aparecido bien conservadas.  Además,  a sólo 200 metros, hay otra fosa con los restos de cuatro mujeres.
El equipo de especialistas lo encabeza el forense y Presidente de Aranzadi, Francisco Etxeberria, a los que se ha unido un grupo de 30 alumnos de la Universidad del País Vasco (UPV) y de la Autónoma de Madrid. Según Etxeberria, " todos tienen disparos de bala en el cráneo con entrada por la parte trasera, y muchos muestran roturas de huesos de piernas y brazos por efecto de los golpes. Sus familiares podrán recoger algunos efectos personales encontrados en la zona como zapatos, hebillas, un mechero, botones… ".
Los familiares de Celestino Zorrilla Baranda, agricultor y propietario de una fábrica de alpargatas, y Amelia Cano, nuera del primero, han promovido la exhumación de los cadáveres para «darles un entierro digno». El abuelo Celestino pasó por la prisión de Espinosa, Villarcayo y Burgos y supuestamente quedó en libertad, pero apenas le duró unos días hasta que fue asaltado y conducido a una muerte impune. Francisco Etxeberria, «Solo hay dos o tres fosas en toda España -alcanzan ya las 300 exhumadas con 6.000 cadáveres- que se ubican en el casco urbano, dado que lo habitual era irse a parajes alejados». Ésta se ocultaba bajo el jardín de una casa y parte de la acera.
Por otro lado, en la provincia de Soria se ha trabajado en la exhumación de los restos de al menos seis varones. La fosa se encontraba junto a un muro del coqueto cementerio del municipio limítrofe de Montenegro de Cameros (Soria). Nadie dudaba de que estaban allí. Al perecer,  cuatro eran de Torrecilla en Cameros (Toribio Ruiz Martínez de Pinillos, Pedro Soldevilla Gorostiaga, Agustín Velilla López y Vicente Velilla Vilda), otros cuatro procedían de Nieva de Cameros (Eleuterio Barrios Fernández, Pascual López Pascual, Francisco Marín González y Manuel Sáenz Ibáñez) y el noveno residía en Pradillo. Respondía al nombre de Santos Velilla Palacios.
En la noche del 25 de septiembre de 1936, estos nueve varones –con edades comprendidas entre los 21 y los 51 años– fueron sacados de la cárcel deTorrecilla y conducidos en un camión hasta la vecina provincia de Soria. Viajaba un décimo apresado, Juan Barrios, hermano de Eleuterio, quien logró escapar cuando el vehículo paró en el paraje de Las Rozas, a poco más de dos kilómetros de la frontera con La Rioja.
La Asociación La Barranca para la Preservación de la Memoria Histórica ha impulsado la exhumación de los restos deestos nueve hombres, con el apoyo técnico de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y la colaboración del Ayuntamiento soriano. Hasta llegar a esto, el proceso no ha resultado sencillo.
Como destaca el director técnico del desenterramiento y profesor en Medicina Forense, Francisco Etxeberria, esta tarea ha requerido de forma previa «un estudio histórico y una recogida de testimonios». Luego, los hechos han confirmado lo que se intuía. Han emergido los restos de al menos seis varones, revueltos y fragmentados, porque el lugar ha sufrido alteraciones por la reutilización del espacio del camposanto. «Dos fragmentos craneales presentan lesiones características del paso de un proyectil de arma de fuego, lo que ratifica la hipótesis de la muerte violenta de estas personas», constata Etxeberria.
Los restos de los asesinados se analizarán en el laboratorio de Antropología Forense de la Universidad del País Vasco, en San Sebastián, y serán sometidos a estudios de ADN para determinar sus identidades. Más tarde se entregarán a las familias, quienes podrán cerrar este capítulo de su amargo pasado.

jueves, 12 de abril de 2012

Una exposición da a conocer el trabajo de la exhumación de fosas

La muestra precede a las VIII Jornadas sobre la memoria histórica

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La reproducción de una fosa común preside el centro de la exposición. DIARIO DE TERUEL / MARIBEL CASTRO
La exposición 'Exhumando fosas, recuperando dignidades' muestra desde ayer en el Centro Social Ciudad de Teruel el trabajo de recuperación de la memoria histórica que se ha llevado a cabo en España durante la última década mediante la exhumación de más de 200 fosas comunes en las que fueron arrojados los represaliados del franquismo. La muestra precede a las VIII Jornadas sobre la memoria histórica que se celebrarán durante la última semana de abril en el Campus de Teruel organizadas por la Asociación Pozos de Caudé.
'Exhumando fosas, recuperando dignidades' aborda la labor documental llevada a cabo desde el año 2000 por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Desde entonces se han  realizado más de 200 excavaciones de fosas en las que se han exhumado cerca de 5.000 personas víctimas de la represión franquista.

La exposición está articulada en torno al trabajo de los promotores de estas exhumaciones, tanto los familiares como las asociaciones e instituciones que se han implicado durante todo este tiempo, así como en la figura del informante que ha contribuido a la localización de las fosas, el equipo de trabajo que ha llevado a cabo la intervención, y sobre todo los familiares de los desaparecidos y lo que ha supuesto para ellos recuperar los restos de sus seres queridos asesinados.

A través de 42 paneles se muestran algunas de las exhumaciones que se han realizado en los últimos años en España. Imágenes acompañadas de pequeños textos muestran al público lo que este trabajo ha supuesto no solo para la recuperación de la memoria, sino para la dignidad de quienes sufrieron la represión y de sus familiares.
La noticia completa, en la edición impresa.

lunes, 9 de abril de 2012

Dos fosas, 13 asesinados y 50 testigos en Espinosa de los Monteros

por Eva Larrauri (Espinosa de los Monteros, España) 




En un macabro rectángulo de apenas ocho metros cuadrados se cuentan nueve esqueletos, todos boca abajo; uno de ellos corresponde a un menor, un chico de 16 años de nombre Claudio Sainz. Entre la tierra rojiza, a un metro de profundidad, las botas que llevaban el 20 de octubre de 1936 las víctimas asesinadas por los falangistas en Espinosa de los Monteros (Burgos) han aparecido bien conservadas. A solo 200 metros, hay otra fosa con los restos de cuatro mujeres. El proceso de exhumación comenzó el pasado lunes y aún queda trabajo para el equipo de especialistas que encabeza el forense Francisco Etxeberria, a los que se ha unido un grupo de 30 alumnos de laUniversidad del País Vasco (UPV) y de la Autónoma de Madrid.
Familiares de las víctimas aseguran haber notificado el pasado 22 de febrero al juzgado de la zona, el de Villarcayo, la inminente exhumación. Pero ningún juez ha visitado las fosas. Un auto del Tribunal Supremo del pasado 28 de marzo establece que son los jueces territoriales los que deben practicar diligencias y personarse en las fosas en estos casos. En Espinosa de los Monteros aún no han visto a ninguno. El Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León, no obstante, ha enviado una nota en la que asegura que se recibió la notificación, pero que los juzgados consideraron que "el objeto del escrito remitido era poner en nuestro conocimiento la actividad a realizar" y no "requerir auxilio judicial", informa Natalia Junquera. No obstante, los juzgados de Villarcayo, añaden, "quedan a disposición de los familiares y afectados para cualquier auxilio o colaboración que pudieran solicitar dentro del marco legal".
Para los estudiantes, la apertura de la fosa es su primer trabajo de campo, el paso a la práctica de los conocimientos adquiridos en sus clases de Criminología y Antropología Física. Virginia Jiménez, alumna de Etxeberria en el segundo curso de Criminología en la UPV, anotaba este jueves en una ficha todos los detalles del horror que se ha descubierto al cavar entre la acera y el jardín de la casita blanca que ocupa el número 12 de La Riva, uno de los pocos casos en los que la fosa se encuentra en un entramado urbano. "Tratamos de no perder la más mínima información para trasladarla a la investigación en el laboratorio", explicó. Antes de la descripción de la fosa y de elaborar un croquis sobre la situación de los restos, los estudiantes recopilaron testimonios de familiares de los muertos. "Es la parte que corresponde a la psicología forense, conocer cómo viven en el entorno de las víctimas el proceso de hallazgo de los restos y su exhumación", añadió. Es lo que los estudiantes de Criminología consideran "una buena clase práctica".
Nueve esqueletos hallados en una fosa en Espinosa de los Monteros. / LUIS ALBERTO GARCÍA
A solo 200 metros de ese jardín, la aparición de una peineta en uno de los cráneos demostró que tenían razón los vecinos de Espinosa de los Monteros cuando apuntaban a esa zona cuando se hablaba del lugar donde fueron a parar cuatro mujeres, asesinadas en el pueblo un día después que los hombres.
Virginia Jiménez y sus compañeros de investigación han descubierto en la primera fase de su trabajo que los restos presentan fracturas en el cráneo por entrada de bala, y huesos rotos en las extremidades, algunas previas y otras posteriores al fallecimiento, lo que lleva a interpretar que parte de las roturas fueron causadas por el maltrato anterior al fusilamiento. Entre los restos de las mujeres buscarán pruebas que determinen si una de ellas estaba embarazada. "Era la esposa de un preso fugado de la cárcel de Burgos, asesinada en represalia por lo ocurrido con su marido", relataban los estudiantes después de conocer los detalles por el testimonio de los familiares allí presentes. Estos les han contado que se llamaba Amelia y era la nuera de Celestino Zorrilla, otro de los ajusticiados, enterrado en la fosa de La Riva. Zorrilla, propietario de una fábrica de alpargatas, murió a manos de los falangistas del pueblo por "socialista". El menor hallado en la fosa fue acusado de pasar información al bando republicano.
Espejo hallado en la fosa de las mujeres. / ÓSCAR RODRÍGUEZ
No han encontrado ni restos de balas ni de sus respectivas vainas, por lo que se afianza la hipótesis de que no fueron asesinados en el mismo lugar donde fueron enterrados. "Es parte de la investigación que se desarrollará en el laboratorio", señaló una de las especialistas de la Sociedad de Ciencias Aranzadi. Las fotos que han realizado los técnicos y los estudiantes en prácticas han documentado el proceso y los detalles.
La zona se urbanizó hace unos 45 años. Hasta entonces no era más que un camino a las afueras del pueblo, donde se sabía con tanta certeza que estaban enterradas las víctimas de los falangistas que cada 1 de noviembre los familiares acudían a poner flores, como si fuera una tumba del cementerio. Cuando se construyó la vivienda unifamiliar en la parcela donde se ocultaba la fosa, respetaron el entorno.
Además de los estudiantes de Criminología, también acudieron a ver la fosa una decena de alumnos del máster de Antropología Física de la Complutense. El forense Francisco Etxeberria recuerda que a los grupos que han trabajado en las zanjas donde se arrojaron las víctimas del franquismo se han ido uniendo técnicos de distintas especialidades, pero hasta ahora nunca se habían incorporado estudiantes.
Técnicos de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y futuros forenses, en la fosa. / ÓSCAR RODRÍGUEZ
Después de cuatro días de trabajos la expectación ante la excavación se había reducido el jueves al mínimo en un día frío y lluvioso. La primera reacción al ver los esqueletos en el hueco abierto entre una acera y un jardín privado era el silencio. "Asistir a la apertura de una fosa común es una experiencia que cambia para siempre la apreciación", defiende Etxeberria. El forense ha acumulado la suficiente experiencia en la apertura de más de un centenar de fosas del víctimas del franquismo para saber que los familiares no exageran al relatar lo que les han transmitido. "Se ha vuelto a demostrar que lo que cuentan, lo que se recuerda en los pueblos, es cierto", dice. También sabe con certeza que la visión de la apertura de una fosa común cambia para siempre la forma de enfrentarse a la memoria histórica. Los estudiantes como Virginia Jiménez lo atestiguan.

domingo, 8 de abril de 2012

“Abrí la fosa de mi padre con las manos”

"NO HE PODIDO, NO PONER ESTE ARTÍCULO, ESTA HISTORIA"


Esperanza Pérez Zamora muestra una fotografía de su padre.
"Yo tenía 18 meses cuando fusilaron a mi padre. Mataron a ocho de mi familia. Los falangistas fueron a buscarles a las eras, al campo, donde estaban todos trabajando. Iban a por mi padre, querían tomarle declaración, dijeron. Pero mi abuelo dijo: 'Donde va mi hijo voy yo'. Y su sobrino, lo mismo. Y así, se los llevaron a todos. Ya no les volvimos a ver", recuerda Esperanza Pérez Zamora.
Acaba de cumplir 77 años y hace 35 estaba recorriendo pueblos, buscando pistas sobre el paradero de sus familiares para abrir las fosas donde se encontraban. Hoy, incluso el partido que tanto criticó la memoria histórica, ahora en el poder, apoya y planea subvencionar las exhumaciones. Pero entonces, cuando Esperanza Pérez empezó a hacerlas, justo después de la muerte de Franco, solo expresar en público el deseo de abrir las fosas del franquismo era peligroso.

Fui a ver al asesino. Le dije: 'Mañana más te vale que me digas dónde está
 "Muchos me insultaban. 'Puta comunista', me decían. O directamente, me cerraban la puerta en las narices en cuanto les decía por qué estaba allí. Todavía había mucho miedo. Solo me ayudaron mujeres en una situación parecida. Alguna me cogía de la camisa por el pecho, me metía dentro de su casa y me contaba en voz muy bajita lo que sabía. Una señora me dijo: 'Subía la gente a ver a los muertos como en una procesión. Los habían dejado mal enterrados. Fue una vergüenza...".
Esperanza tardó tres años en encontrar a todos sus familiares. "En el momento en que salió Adolfo Suárez, fui a por ellos. Mi marido, que es taxista, dejó de trabajar para llevarme de un pueblo a otro, a preguntar a la gente si sabía algo. Tenía que volver muchas veces a la misma casa para que me contaran cosas. Al principio estábamos muy solos, pero luego nos fueron ayudando familiares de otros fusilados".
Esperanza tenía a sus familiares repartidos por varias fosas en distintos pueblos. El paradero de su padre se lo dijo el mismo asesino. "Me dijeron el nombre del falangista que le había matado y esa misma noche fui a verle. Era 1977. 'Soy la hija de Juanón y sé que usted le dio el tiro a mi padre. Mañana a las nueve de la mañana más le vale que esté usted en las tierras que tiene en Villamuriel para que me diga exactamente dónde está enterrado', le dije. Se quedó blanco. Al día siguiente se presentó allí con la Guardia Civil. Los agentes me pidieron un montón de papeles, pero al final, el asesino señaló el sitio".

En las fosas de mujeres salían unas trenzas larguísimas. Fue muy duro
Esperanza abrió tres fosas en Villamuriel, cuatro en Villamediana, cinco en Magaz, dos en Valdespina y una en Valoria la Buena, todas en Palencia. "En total recuperamos unos 150 cuerpos. Teníamos una pala, un azadón y un cepillo. Pero todo lo hacíamos con las manos, con las uñas, un día y otro día, hasta que terminábamos. Luego metíamos los restos en sacos. La excavadora que utilizamos alguna vez, la pagamos a escote entre los familiares". Aún guarda aquellas facturas. "Es lo mejor y lo más difícil que he hecho en mi vida. Pero fue muy duro. En la primera exhumación pensé que me iba a dar algo y que me iba a morir allí mismo yo también. Tener una calavera en la mano y pensar que es de tu padre es terrible. En Villamediana, por ejemplo, los restos estaban cubiertos de cal y las faldas de las mujeres se veían todas blancas. Aún conservaban larguísimas trenzas. También encontraba botas, cucharas, monedas...".
Esperanza calcula que en total debió poner de su bolsillo un millón de pesetas. "Por cada cuerpo que sacábamos teníamos que pagar 1.000 pesetas al Ministerio de Sanidad, por eso no declaramos a todos. Entonces no había ADN y enterrábamos a muchos juntos. Vendimos los dientes de oro de uno y nos dieron 14.000 pesetas para seguir exhumando. Otro señor que se enteró de lo que estaba haciendo me dio 20.000 pesetas y así íbamos tirando. Era mucho dinero y muchos trámites: había que ir a la sede del Ministerio de Justicia a Madrid, y a Sanidad, y luego hablar con el alcalde del pueblo...".
En cuanto terminó las exhumaciones, se puso con las pensiones. "Empecé a buscar a viudas de fusilados para explicarles que podían pedir la pensión. A algunas les daba todo tanto miedo que no querían ni llevarse los papeles para no tenerlos en casa. ¡Y Franco ya había muerto! Otras no sabían escribir y para firmar tenía que llevarlas yo con la mano sobre el papel".
En 1979 ya había terminado su misión, exhumado a sus familiares, celebrado dos funerales y enterrado a los fusilados en cementerios. "El día que terminé sentí mucha felicidad y mucha tristeza. Ese día le pude decir a mi madre: 'Ya está', y lloramos las dos todo lo que nos dio la gana. Me abrazó como nunca me había abrazado y solo por eso ya valieron la pena todos los malos ratos", explica Esperanza. "Tuve muchas pesadillas. Por la noche, en la cama, me veía a mí misma dentro de una tumba, rodeada de huesos. Miedo creo que no tuve nunca. Cuando murió Franco, abrimos una botella de champán y luego me vine como una fiera a España a buscar a los míos. Entonces estaba en Bélgica. Todo lo que quedó de nuestra familia después de la guerra se había refugiado en otro país. Creo que he sido valiente. Y estoy muy orgullosa de haber hecho lo que hice".

lunes, 2 de abril de 2012

"Tengo una fosa en mi jardín"

Familiares de fusilados en un pueblo de Burgos esperan al juez tras el auto del Supremo

La zanja está en mitad de una acera y la parcela de un chalé

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Exhumación en Espinosa de los Monteros de una fosa en mitad de una acera y un jardín privado. / ÓSCAR RODRÍGUEZ
Álex Hernández compró hace 12 años un chalé con jardín que albergaba los restos de 12 fusilados en 1936. Ayer, en su pequeña parcela, se reunieron una decena de arqueólogos y otra de familiares y curiosos. Es la primera exhumación que se lleva a cabo desde que el Tribunal Supremo estableció, por medio de un auto, que la competencia sobre las fosas es de los juzgados territoriales y que los jueces deben acudir a las exhumaciones. El juzgado de Villarcayo fue notificado el pasado 22 de febrero de la inminente apertura de esta. "Espero que venga", afirmaba ayer el forense que la está abriendo, Francisco Etxeberria.
La mitad de la fosa está en la parcela de Álex Hernández y la otra mitad en la acera del pueblo, Espinosa de los Monteros (Burgos). Siempre se ha sabido que estaba ahí. "Al poner la acera se respetó el trozo donde estaban los cuerpos, donde en lugar de cemento, hay plantas", explica Etxeberria. También se había respetado antes, cuando en 1956 se construyó la carretera y familiares de los fusilados supervisaron las obras para que no se llevaran por delante los restos de los suyos, explica Pedro Zorrilla, presidente de la agrupación de familiares de las víctimas.
Álex Hernández también lo supo desde el principio. "El día que vine a ver la casa para comprarla era 1 de noviembre, Día de Difuntos, y esto estaba lleno de flores. Desde entonces he conocido a muchos familiares de los fusilados que venían y me decían: 'Aquí está enterrado mi padre', o a veces era su tío, su hermano...". La fosa no le echó para atrás y compró el chalé. Pero ayer reconoció que ver aparecer los primeros huesos en la exhumación le había "impresionado mucho".


Primeros restos hallados en la fosa. / ÓSCAR RODRÍGUEZ
Entre esas 12 víctimas se cree que hay un chaval de 16 años y un hombre de 75; un labrador padre de 10 hijos, Celestino Zorrilla, y otro de ocho. A 150 metros hay otra fosa con mujeres. No saben exactamente cuántas. "Ahí buscamos también a mi tía", explica Pedro Zorrilla, nieto de Celestino. "Después de matar a mi abuelo, que tenía 51 años, fueron a por Donato, uno de sus hijos, de 27. Pero como logró escapar, en represalia, mataron a su mujer, embarazada de siete meses".
"Fueron los falangistas, todos vecinos del pueblo, por envidias. Mi abuelo era labrador y tenía una fábrica de alpargatas. Que sepamos, no estaba afiliado a ningún partido o sindicato. El 5 de agosto de 1936 se lo llevaron preso a la cárcel de Burgos y el 18 de octubre supuestamente, le dejaron en libertad. Pero no fue así. En el pueblo, gente mayor contaba que oyó a los asesinos decir: 'Le pegué el tiro y no veas cómo pataleaba'. Por eso siempre se supo donde estaba la fosa", explica Zorrilla.
Los falangistas no se quedaron ahí. "Después de matar a mi abuelo y a mi tía embarazada, fueron a por mi abuela, le raparon la cabeza y la llevaron a la plaza", añade. "Mi padre apenas hablaba del tema, por miedo, pero desde los años setenta me trajo cada 1 de noviembre aquí a traer flores".
El trabajo de arqueólogos y forenses se prolongará unos cinco días. Será la primera prueba para los jueces que hasta ahora han ignorado las denuncias de asociaciones y familiares cada vez que han encontrado restos humanos con signos de muerte violenta, como cráneos agujereados por balas con sus casquillos al lado.


La fosa, en toda su amplitud. / ÓSCAR RODRÍGUEZ
Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, cree que el reciente auto del Supremo no cambia nada. "Los jueces ya tenían que ir antes a las fosas atendiendo estrictamente a la Ley de Enjuiciamiento Criminal. ¿Quiere decir el Supremo que todos los juzgados que archivaron las denuncias que presentamos sin acercarse a las fosas a examinar esos restos humanos con signos de muerte violenta han prevaricado? Me parece que el auto del Supremo lo que significa es que al final, los competentes para resolver los crímenes del franquismo vuelven a ser las víctimas".
El forense Etxeberria, que ha abierto más de un centenar de fosas del franquismo, confía aún en que el juez visite la fosa que está abriendo ahora. "Que los culpables hayan muerto no elimina el derecho a la tutela judicial de las víctimas. A que mañana venga aquí el juez, se informe, nos pida que le mantengamos informado de todo lo que encontremos, nos pregunte si necesitamos algo y, después, me llame para ratificar lo que yo escriba en el informe forense de esta fosa. Es decir, que le dé de una vez a todo esto rango de oficialidad".

domingo, 1 de abril de 2012

12 fosas pendientes del auto de Garzón, competencia de los juzgados de León

Tras su inhibición en 2008, las familias ya han 'exhumado' la mitad de las causas


La ARMH ha exhumado en la provincia a 155 paseados en 44 enterramientos en los últimos 12 años. J.M. LÓPEZ
Alicia Torres / León
El 16 de octubre de 2008, Baltasar Garzón –por entonces al frente del Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional– se declaró competente para investigar las desapariciones durante la Guerra Civil y el franquismo y elaboró un auto que incluía inicialmente 63 fosas, la mayoría de estos enterramientos comunes (23) en León.
Tras la inhibición de Garzón a favor de los juzgados locales en noviembre de 2008, han pasado más de cuatro años sin que ningún juez de la provincia se haya pronunciado sobre estas 23 causas. Pero ahora, una vez que Garzón ha sido absuelto de prevaricación por investigar los crímenes del franquismo, el Tribunal Supremo (TS) ha dictaminado que los juzgados locales, de nuevo, son los que tienen la competencia sobre las fosas.
Según confirmó recientemente el vicepresidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), Marco González, once de estas 23 fosas –gráfico adjunto– se han abierto por iniciativa de los familiares de las víctimas que han contactado con la asociación y al margen de una decisión judicial. Sin embargo, los juzgados leoneses pasan de nuevo a tener que decidir sobre la docena de fosas pendientes de exhumación.
Habrá que esperar para conocer cuáles serán las decisiones judiciales a partir de ahora ya que, hay que recordar, que el Juzgado de Instrucción número 4 de Ponferrada archivó las doce causas del partido judicial al considerar que los delitos habían prescrito y sin que se registraran recursos, mientras que desde los juzgados de León y Astorga no se ha conocido ninguna resolución al respecto, según precisó el vicepresidentes de ARMH.
Esta nueva dirección en la causa de las fosas comunes viene motivada porque el TS ha resuelto en favor de los Juzgados de Instrucción de San Lorenzo de El Escorial y del de Granada la cuestión de competencias planteada por Garzón sobre a qué órgano judicial le corresponde decidir acerca de las exhumaciones. El Supremo considera que cabe "la práctica de las diligencias dirigidas a datar aquellas acciones criminales y, si fuera necesario, a la identificación de los afectados" y destaca que queda excluida la posibilidad de enjuiciamiento penal de los actos, ya que las acciones criminales se consideran prescritas.
González asegura que, hasta la fecha, "ni a priori ni a posteriori del trabajo de la ARMH" la Justicia se pronuncia sobre los restos que se encuentran; así, el procedimiento habitual pasa por abrir un enterramiento con la autorización de algún familiar, presentar una denuncia ante la Guardia Civil y de ahí se da traslado al juzgado correspondiente que "siempre" responde que el caso ha sido sobreseído en base a la Ley de Amnistía de 1977.
La ARMH, desde su fundación hace 12 años, ha exhumado en la provincia a 155 paseados y ha trabajado en 44 enterramientos.

Volverán a pedir exhumación de fusilados junto a Lorca si quiere la familia

EFE
La Asociación de la Memoria Histórica de Granada considera "adecuada" la decisión del Supremo que otorga a los juzgados locales la competencia sobre las fosas del franquismo y volverá a pedir la exhumación de los supuestamente enterrados junto a Federico García Lorca si así lo deciden sus familiares.
El presidente de este colectivo, Rafael Gil Bracero, ha declarado hoy a Efe que lo recogido en el auto del alto tribunal da "preferencia" en su opinión a los familiares a la hora de poder conocer y reclamar el paradero de sus seres queridos, que así no quedarán en el olvido ni en el anonimato.
A su juicio, la decisión competencial del Tribunal Supremo supone por tanto una oportunidad para poder seguir investigando los crímenes del franquismo, en atención a la petición de búsqueda de los familiares de los fusilados.
"Nos parece correcto el fondo y la forma", ha señalado Gil Bracero, quien ha recordado que la Asociación que preside ya está personada en la causa que se seguía en el Juzgado de Instrucción 3 de Granada a raíz de la petición de familiares de varios fusilados supuestamente junto a García Lorca.
La Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica esperará ahora a que el expediente del Supremo llegue al Juzgado de Instrucción 3, que en su día se declaró incompetente para ordenar la apertura de la fosa.
En caso de que los familiares quieran volver a pedir la exhumación de los restos, ha añadido Gil Bracero, el colectivo volverá a solicitarlo formalmente al Juzgado para que éste vuelva a reabrir diligencias sobre el asunto.
Podrá continuar así la tramitación por la vía judicial de un asunto que ya llevó a la Asociación a pedir a la Junta de Andalucía, en este caso por la vía administrativa, que emprendiera la exhumación de la fosa, lo que tuvo lugar durante casi dos meses en 2009 sin que se finalmente se encontrara ningún resto humano y sí evidencias científicas de que nunca hubo enterramientos en la zona.
Algunas investigaciones históricas apuntaban a esa fosa, ubicada en un paraje entre Víznar y Alfacar, en Granada, como la que albergaría supuestamente restos de Federico García Lorca, junto a los del maestro Dióscoro Galindo y los banderilleros Francisco Galadí y Joaquín Arcollas.
Por ello, y en el caso de que la Asociación vuelva a pedir una nueva apertura de los enterramientos, no se limitará a la zona del parque de Alfacar dedicado al poeta donde ya se excavó, sino que la ampliaría al entorno conocido como "El Caracolar".